Qué bonita es la amistad…

La amistadHoy me tocaba ir a uno de los colegios en los que doy regularmente clase como profesor de extraescolares. El grupo que toca los Miércoles al mediodía es de Educación Infantil, una mezcla entre mocos, ganas de ir al baño a hacer pipí y continuos gritos, chillos y “stay in silence”. Todo esto lleno de juegos y de diversión, por supuesto.

Después de repartirles los libros y explicarles que tenían que dibujar “The Monster Family”, me he dirigido al ordenador que tiene la sala, pues siempre suelo poner canciones Disney en inglés para amenizar esos ratos creativos con un poco de buena música en su versión original. Cuando estaba a punto de tocar el ordenador me ha venido una de las niñas y me ha dicho, con cara bien triste, que otra de las chicas le había dicho que no iba a ser nunca más su amiga. Le he dicho que no se preocupase, que le preguntara por qué le había dicho eso y así lo pudiera solucionar. Al rato estaban jugando como si no hubiera pasado nada.

Me ha dado por pensar en qué recuerdo yo sobre las amistades que tenía cuando tenía su misma edad y compararla con la actual. Puedo decir que de entonces conservo… dos amigos (que no es poco). Realmente no tengo muchos recuerdos de Educación Infantil (nosotros lo llamábamos ‘parbulitos’) y los pocos que pueda tener están demasiado borrosos como para sacar algo en claro. De Educación Primaria tengo más, por supuesto, pero tampoco los considero importantes. Recuerdo que más o menos en segundo de primaria pensaba que mis amigos (es decir, toda la clase) serían mis amigos siempre, incondicionalmente. De hecho, me aterraba la idea de que algunos de ellos llegasen a fumar cuando fuesen adultos.

El siguiente recuerdo que tengo sobre el tema, es la polémica Educación Secundaria. En Secundaria todo cambia, por supuesto. A partir de segundo o tercero la amistad es lo más valioso que puedes tener, sin dudarlo. Recuerdo la primera vez que salí con mis amigas (eran, y siguen siendo, dos chicas). Fuimos a cenar al Pans & Company que por aquel entonces era el único restaurante de comida basura que conocía Pamplona. Posiblemente sería 6º de Primaria, no lo tengo muy claro. También recuerdo otra salida con unos cuantos más al cine. Entonces me pareció algo de lo más emocionante. Yo sin mis padres, sólo con amigos. Toda una aventura.

En tercero de Educación Secundaria ya vas teniendo cierta autonomía, recuerdo todo tipo de anécdotas. Hay gente, de aquel entonces, con la que no tengo relación. Sí que si los veo por la calle me paro a hablar con ellos, poniéndonos al día. Otros sin más nos saludamos, pero poco más.

Después de la Educación Secundaria Obligatoria, llegó Bachiller. Otro cambio. Ahí la cosa se fue afinando más (o eso parecía), pero en realidad creo que era un poco más de lo mismo. Los líos y follones no faltaban, por supuesto, como en las buenas familias. Bachiller fue una buena época. Hice nuevas amistades, por eso de cambiar de instituto. De esa época guardo pocos amigos, pero creo que buenos.

Tras el Bachiller vino la universidad (y aún sigue ahí, creo). La universidad es todo un mundo donde conocer gente nueva, gente afín a ti, con tus mismas inquietudes, o al menos parecidas. Aquí es donde más o menos se van afinando tus amistades, ya no se hacen porque no tengas más “huevos” si no que se elige. Eliges a quien quieres tener en tu vida, quién te aporta más, quién menos. Aprendes que los amigos son 4 o 5, que en cualquier caso los puedes contar con una mano. No son sólo aquellos a los que llamas cuando te vas a emborracharte, si no a los que llamas cuando no estás bien y buscas compresión, desahogo o afinidad. Puedes no verlos en muchísimo tiempo, pero sabes que si mañana lo necesitas por cualquier cosa, lo tendrás ahí sin preguntar el por qué.

Cómo cambia la amistad a lo largo de la vida. Quién sabe… quizá cuando estas dos niñas sean mayores, se digan un tímido “hola” cuando se crucen por la calle. O puede que ni siquiera se reconozcan.

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