Donde el silencio no es oro, el silencio es un sobre

Jauma Perich. Autopista . Crítica, Barcelona. 2011. 192 pp. 14,90€

Jauma Perich. Autopista . Crítica, Barcelona. 2011. 192 pp. 14,90€

El Perich hizo sonreír con su ironía al final del franquismo. Quizá muchos problemas sigan siendo los mismos y quizá los hijos y nietos de los censores sigan censurando. 

No se puede negar que leer entre líneas es una gran virtud y más cuando las mentes poco privilegiadas patalean y señalan con el dedo cual niño caprichoso cuando la comida no les gusta. Tampoco se le puede negar a quien con arte y maña disfraza la burda fachada que adorna la sutil ironía únicamente entendible a aquellos que quieren leer entre líneas, haciendo de lo complejo algo simple. Y así fue como el gran Jaume Perich en una época no muy distante a la nuestra disfrazó con humor y simpleza una gran crítica social a una dictadura que, aún viéndose casi al fin, seguía siendo igual de obscena que en sus “mejores” días.

Autopista  fue uno de los libros más vendidos de 1971, año de su publicación, aunque realmente se tratase de una recopilación de aforismos y alguna que otra ilustración cómica creando juegos de palabras en un satírico homenaje al libro Camino de José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. El libro, editado porCrítica, se divide en capítulos nombrados por el zodiaco de la astrología occidental. Y es curioso que leyendo el libro nos encontremos una cuestión que ya roza lo absurdo. Una situación que parece ser el modus operandi de nuestra alta sociedad, aquellos seres prodigiosos que son impunes a cualquier ley moral y civil de nuestra sociedad. El Perich decía así: «En muchas empresas el silencio no es oro, el silencio es un sobre.» Un concepto que nos resulta tan familiar que casi no sorprende que en pleno franquismo fuera el modo de llevar a cabo las cosas “a la española”. Un método que poco o nada ha cambiado y que ha calado de lleno en bastantes más sectores que el empresarial y que me temo que ha calado hasta lo profundo de  todos aquellos estratos sociales que pueden permitirse hacer un pago en B millonario.

Bárcenas nos podría dar un buen seminario de esto si de expertos habláramos y estoy seguro que otros muchos políticos actuales estancados mental e ideológicamente en aquel gobierno tecnócrata de Franco, nos podrían dar más de una clase magistral del asunto. Lo que nos queda, al menos, es el buen humor, dentro de la indignación general, con que el sociedad lo afronta al igual que en su día lo hizo El Perich.

Daniel Priego para ESD

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En la crisis, los mismos problemas y sueños de la posguerra

Si hay algo que todos deberíamos tener claro es que tanto nuestras propias vidas como la propia historia no es más que un ciclo que empieza y acaba y retoma su camino dejando paso para que los que vienen tomen las riendas del camino. Es por ello que estudiamos la historia: ésta tiende a repetirse y deberíamos aprender de los errores que ya se cometieron. Lo mismo pasa con la literatura pues ésta no es más que una historia, pero ficticia y con distinto formato y aunque tenga una forma anecdótica es un medio puramente didáctico. Aquí es donde llegamos a “Historia de una Escalera” de Antonio Buero Vallejo: viejas historias contadas de diferentes formas.

Resulta, cuanto menos, curioso cómo una obra maestra de hace más de 70 años es tan actual como cualquier periódico o noticia que vemos día a día. Si nos ponemos a revisar los hitos por los que la historia avanza nos podemos encontrar anclados en el tiempo: subida de impuestos, familias sin dinero y con impagos, sindicatos, esperanza, política podrida y sobre todo sueños. Sueños que van alimentando generación tras generación y que nos hacen caer en los mismos errores o aciertos a lo largo de la historia. Buero Vallejo captó al milímetro los sueños y razones de la sociedad en general y se sirvió de algo tan cotidiano y mundano como una escalera de vecinos para recrear su historia.

Lo realmente preocupante del asunto es verificar en qué hemos fallado y qué no somos capaces de solventar. ¿Por qué caemos siempre en los mismos errores? Nuestra meta debería ser que estos hitos no fueran reales, que sean cosa del pasado y que queden plasmados en los libros de historia para simplemente observarlos y aprender de ellos, pero el ser humano se niega a avanzar y se estanca aferrándose firmemente a los hechos que ya conoce. “Historia de una Escalera” no nos mueve por ser una obra maestra, es una obra maestra porque nos mueve y hace que reflexionemos sobre qué poco hemos avanzado y cuán largo es el camino que aún nos queda por avanzar. Quizá deberíamos repasar aquellos clásicos empolvados en las estanterías y que creemos poco vigentes para encontrar las soluciones a los viejos problemas, pues vida no hay más que una.

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Antonio Buero Vallejo. Historia de una Escalera. Espasa Libros, Madrid, 2010. 160 pp. 8,95€

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Antonio Buero Vallejo. Historia de una Escalera. Vicens Vives, Barcelona. 2011. 116 pp. 9,85€

Daniel Priego para ESD

De la Era del jazz al Crack del 29: crónica de una crisis anunciada

F. Scott Fitzgerald. The Crack-up. Traducción de Mariano Antolín Rato y prólogo de Jesús Alonso López. Capitán Swing, Salamanca, 2011. 384 pp. 19,00 €

F. Scott Fitzgerald describe nuestra sociedad sin ser consciente de ello en un libro póstumo donde además de los ensayos también tienen cabida diferentes cartas y escritos. 

Resulta curioso, cuanto menos, cómo el jazz ha sobrevivido hasta el siglo XXI y cómo sigue cautivando a sus oyentes con sus melodías y solos eternos. Pero ¿qué es realmente el jazz?  Seguro que el lector que sea músico profesional nos podría dar una buena definición de qué es exactamente este peculiar género musical, pero sin duda no expresaría qué es exactamente el jazz en su esencia.

Este estilo musical nació a finales del siglo XIX en Estados Unidos siendo un compendio de influencias musicales que dieron como resultado una mezcla explosiva de energía. Nació desde lo más profundo de la sociedad para ascender a todo lo alto: música popular para todos los públicos. Así el jazz fue descrito desde el principio como la música para escuchar con los pies y fue el reflejo de una sociedad llena de deseos y cambios, una sociedad que subió hasta la cima y cayó en picado. La Era del Jazz: así describió a esa época el contemporáneo F. Scott Fitzgerald en su artículo “Ecos de la Era del Jazz”. Y es que es imposible leer el artículo -recogido en “The Crack-Up”-  sin pensar en cuánto tenemos en común con aquella era que nos parece ya muy lejana.

Es posible que pensemos que no tenemos nada que ver con todo ello, que nosotros no hemos vivido ninguna guerra mundial o que nuestra crisis es solo un eco de el tremendo crack del 29, pero sin duda al leer las líneas del autor de la generación perdida entendamos un poco más por qué la historia se repite: despilfarro, malas decisiones económicas, depresión… y es que, como dice la canción de Benny Goodman “All the cats join in” nadie se quiere quedar atrás cuando hablamos de riqueza… Nuestra “Era del Jazz” es muy diferente, obviamente, y aunque no hayamos tenido un nuevo género musical que marque nuestra generación estamos tan perdidos y hundidos como lo estuvieron en aquella época, pero sin duda estamos ante una época difícil para todos. El jazz no solo fue la excusa para llegar hasta la cima sino que fue el acompañante que guió a toda una generación para la liberación personal, como así lo fue para el escritor ya citado.

Fitzgerald es sin duda uno de los máximos exponentes de generación perdida, generación que componen también HemingwayFaulkner o Steinbeck entre otros, quienes llevan grabado y marcado “resaca económica y militar” en lo más profundo de su obra. Aquella generación tiene muchísimo más en común con nosotros de lo que, posiblemente, tenga cualquier otra. El paralelismo con ellos resulta más que evidente y, por una vez, sería conveniente que nos fijáramos en los ecos que dejó aquella sociedad para traducirlo en soluciones actuales. Quizá esta no sea la Era del Jazz, pero sin duda alguna estamos encaminados en convertirnos en una réplica.

Daniel Priego

http://www.elsemanaldigital.com/articulo.asp?idarticulo=124852

Un cuento para adultos que explica qué está pasando en el mundo

Andrew Kaufman, La esposa diminuta. Madrid, Capitán Swing, 2012. 104 pp. 16,50 €

Siempre que he oímos la palabra cuento nos viene a la cabeza las típicas historietas que todos hemos oído, leído o visto de pequeños. Es posible que Disney haya sido el culpable de que pensemos en niños cuando oímos dicha palabra, pero está claro que autores como los hermanos Grimm o Andersen no hubieran estado de acuerdo con este concepto tan extendido hoy en día. Lo que sí es inherente al concepto es que el cuento tiene una moraleja o enseñanza dentro de un mundo que es posible que no sea posible. Esto mismo es exactamente lo que ocurre con “La esposa diminuta” donde Andrew Kaufman nos presenta un mundo real donde puede suceder lo imposible y el final tiene sentido para explicarse a sí mismo.

Es una de esas joyas que te encuentras de vez en cuando y que te hace esbozar una tímida sonrisa cuando descubres que lo que al principio puede ser un galimatías tiene un verdadero fin. Kaufman es, además de escritor, director y productor de cine y radio, rasgo que está inevitablemente presente en su narración, pues esta es bastante visual y directa. Con pocos personajes y una trama sencilla logra crear un mundo amable y eficaz en el que la “magia”, por llamarlo de algún modo, es posible. Se trata de una maestra metáfora sobre cómo aquello que sembramos es lo que luego cosechamos y una muy buena forma de explicar por qué el mundo es como es. Es decir, viejas historias contadas de una nueva forma.

Hay una cosa que resulta curiosa del libro y es que combina una serie de ilustraciones hechas por Tom Percival con las que el lector podrá deleitarse con su sencillez y belleza con la historia, de manera que ambos elementos se van entrelazando y complementando. Sin duda, el intento por parte de la editorial Capitán Swing por ofrecer algo novedoso ha dado su fruto y seguro que lo disfrutarán en casa .

Daniel Priego para El Semanal Digital

 

La generación que nunca existió… y sobre la que siempre se mintió

¿Quién no ha oído hablar de los poemas de Luis Cernudao de las grandes tragedias de Lorca? Ambas obras tienen algo en común: pertenecen a la famosa Generación del 27. Pero ¿quién tomó parte de este movimiento? ¿Cómo surgió y quiénes fueron sus impulsores? Todas estas incógnitas y muchas más son las que recoge “La invención de la Generación del 27“. En primer lugar parece ser que no todos los que fueron estaban ni todos los que estaban fueron. Me explico: todo empezó un año antes del homenaje en Sevilla al poeta español Luis de Góngora. 1926, y no 1927. Unos cuantos literatos y amigos estimaron que, siendo insuficiente las acciones del Estado para rendir homenaje a dicho autor, ellos organizarían los actos propicios. A la cabeza de este movimiento tenemos a Gerardo Diego y Rafael Alberti.

Tras una serie de azarosas invitaciones, que no desvelaré antes de tiempo, pues les resultará más interesante leer las propias cartas-respuesta de Valle Inclán o Antonio Machado al respecto, el grupo lo constituyeron diez autores. ¿Una “Generación“? Siempre citado entre ellos y como protagonista siempre encontramos al conocido autor granadino Federico García Lorca. Dramaturgo, poeta y prosista que nos dejó grandes obras de arte como “La Casa de Bernarda Alba” (1936) y una gran fama que muchas veces es difícil distinguir si se debe sólo a su genio o también a la instrumentación política de su muerte. Precisamente acaba de ser publicada una monumental y extensa biografía del granadino a cargo deIan Gibson, hispanista irlandés que ya ha hecho estudios biográficos de Dalí o Antonio Machado. En un principio no hay mucha información referente al 27 en la biografía presentada por Gibson: quizá porque ya esté todo dicho o quizá… porque realmente Lorca no tomó parte en esta celebración tal y como nos lo han querido vender, o al menos no activamente -como seguro que era voluntad deDiego o Alberti. Es importante entender que el elenco del 27 está en proceso de revisión, que muchos mitos literarios del siglo XX tendrán que rescribirse, y que la posición de todos podrá cambiar, también la de Federico. Y esa revisión no es una crítica ni una descalificación, sino un mejor entendimiento del pasado literario, que ahora tenemos la capacidad de hacer.

Lo que más interesante encuentro de todo este asunto es el recelo y sospecha que estos diez autores (posiblemente alguno más) tenían ante el Gobierno y la posibilidad de hacer un buen homenaje a una figura importante de nuestro país. ¿Qué pensarían Diego o Alberti sobre la capacidad de homenajear a Góngora si los trasladásemos cien años adelante en el tiempo? Posiblemente, lo mismo. Es posible que el ambiente culto sea exigente, pues sí lo es. Pero también es posible que se exija porque no hay una buena iniciativa para celebrar actos culturales y, yéndome aún más lejos, para promocionar la cultura en nuestro país. Lo primero en lo que se recorta –ayer y hoy- es en lo social: cultura, educación, sanidad, etc: no nos damos cuenta que el ser humano, por muy civilizado y avanzado esté a nivel tecnológico, necesita de lo social para ser él mismo. Sin la cultura seríamos simples animales incapaces de hablar; la cultura es lo que hace que podamos desarrollar la capacidad del hablar, la cultura es la que hace al ser humano curioso y es la responsable de que tú y yo estemos hoy aquí. Sí, es posible que el Gobierno no sea capaz de organizar un buen evento a nivel estatal para memorar a una figura literaria importante -lo hizo con el aniversario de El Quijote, pero nadie se acuerda de eso- así que la iniciativa tendrá que salir de nosotros, tal y como hicieron los del 27: fuesen quienes fuesen, y fuesen quienes fuesen los que por unas u otras razones se quedasen al margen de un movimiento literario de esta envergadura mítica, y aunque los verdaderos protagonistas no siempre sean los que tantas veces se nos hace creer.

Daniel Priego – para: El Semanal Digital

Ficha Técnica:

Manuel Bernal Romero, La invención de la Generación del 27. Córdoba, Berenice, 2011. 207 pp. 19€

Ian Gibson, Federico García Lorca. Crítica, Barcelona, 2011. 1392 pp. 39,50 €